El principal pulmón del planeta también está enfrentando las trágicas consecuencias del calentamiento global y la deforestación. La cuenca del Amazonas está sufriendo la peor sequía en 50 años, sus ríos y lagos se están secando, lo que está provocado un verdadero desastre ecológico.
La Amazonía es una amplia región natural que se extiende de norte a sur, entre el macizo de las Guayanas y el escudo o macizo brasileño, y de este a oeste, desde el Océano Atlántico hasta la Cordillera de los Andes. Su enorme superficie, de 7.000.000 km2, ocupa los territorios de Brasil, en su mayor parte, y en menor proporción los de Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Venezuela, Surinam, Guyana y Guayana Francesa.
La selva amazónica constituye la décima parte de todos los bosques del planeta. Por eso, el aire que respira la humanidad se purifica principalmente en ese lugar. Esta cuenca es la que regula el clima de casi toda América del Sur y sus árboles son los grandes procesadores de dióxido de carbono y suministradores de oxígeno.
Y sucede que el Amazonas está sufriendo la peor sequía en 50 años - incluso superior a la de 1963, a raíz de lo cual se está plagando de incendios, causando enfermedades a los habitantes debido a la contaminación del río y matando a millones de peces en la medida que los arroyos se secan.
Algunos científicos han dicho que esto se debe a las altas temperaturas del océano provocadas por el calentamiento global, pero que también esta sequía se vincula a la activa temporada de huracanes en Estados Unidos y Centroamérica. Las masas de aire ascendentes en el Atlántico norte podrían haber causado que el aire descendiera en el Amazonas, lo que habría evitado, por ende, la formación de nubes y precipitaciones.
La deforestación también puede haber contribuido, debido a que derribar árboles recorta la humedad del aire e incrementa la penetración de la luz solar en la tierra. Hasta el momento la reserva tropical ha perdido unos nueve mil kilómetros cuadrados.
Pero, en resumen, hay dos posturas: algunos científicos aseguran que la sequía es un fenómeno cíclico sin vínculos con la deforestación que ha sufrido la región, y organizaciones internacionales como Greenpeace atribuyen el fenómeno a la devastación de la Amazonía, que ha perdido cerca del 17 por ciento de su capa vegetal en los últimos treinta años.
El Amazonas esta dejando de ser sinónimo de abundancia:
¡Dos metros de altura ha perdido el río en el último año!, y muchos de sus afluentes y lagos de la zona se han secado. Por ejemplo, del lago Curulai, en el estado brasileño de Para, sólo queda un lecho seco y resquebrajado.
Existe una “virtual” incomunicación en la cual se encuentran decenas de pueblos cuya única forma de intercambio con el mundo son los barcos que circulan a través de las miles de arterias que nacen del extenso río. Los barcos que llevan el sustento a los pueblos se han quedado varados a la espera de las renovadoras lluvias.
El Gobierno brasileño declaró en “estado de calamidad pública” los 61 municipios del interior del estado de Amazonas, a lo que se suma que 914 comunidades - con una población conjunta de 197 mil habitantes - se encuentran prácticamente aisladas en las regiones altas de los ríos y sus habitantes tienen que desplazarse varios kilómetros en busca de alimentos o de agua.
Pese a que hasta ahora no se han registrado epidemias, lo que más preocupa al Gobierno es la escasez de agua potable, que se mantendrá por lo menos hasta que los ríos recuperen sus niveles mínimos, lo que se prevé para finales de noviembre.
POR: RUSBEL GRAICHT D.