Recuerdo claramente a mi profesor de primaria otorgando un castigo físico a uno de mis compañeros por no haber cumplido con la tarea. Recuerdos imborrables por lo duro de la sanción y del conjunto de miedos que configuraban la personalidad de cada uno de nosotros en torno a las sanciones y su aplicación por incumplimientos académicos e intolerancias, propias del docente.
No les parece que cuando un alumno es rebelde o muy inquieto es señal de que necesita ayuda, más que un castigo, perfilo esa idea. Trabajamos con adolescentes que reflejan las dificultades que afrontan en casa; hogares disfuncionales, violencia familiar, descuido paternal, desviaciones sexuales, coyunturas sociales y abuso sexual, etc.
Pero que hacemos, cuando nos damos cuenta que la disciplina se está reduciendo por el comportamiento inadecuado de los estudiantes? No es cierto, que optamos por una disciplina militar, el insulto, la grosería, la llamada de atención severa y otras medidas incomodas para los estudiantes?
No sería mejor concentrar nuestras fuerzas pedagógicas en castigar al estudiante a través de actividades que les haga pensar muchísimo; resolver un problema, resolver dilemas morales. Para ellos, cualquier lección, tarea, actividad es un castigo…. nunca he visto a una generación tan despreocupada por la vida, ajena a la realidad circundante como esta nueva generación, que no lee y cuando lee no entiende nada de lo que está leyendo, sólo descifran palabras sin captar nada del mensaje o del texto. Particularmente creo que quien no lee no piensa, y quien no piensa no se libera.
Las sanciones no deben dañar los sentimientos de los niños y adolescentes, su seguridad e integridad, por ejemplo: dejar sin recreo, tareas extras, llamar a sus padres, restarles puntos, aislarlos del resto de compañeros, aplicar un examen extra, etc. El estudiante asiste a un centro de estudios no a una correccional.
Se debe estructurar con ellos un reglamento
de comportamientos y sanciones, un listado mínimo de normas de funcionamiento en aula, enseñarles a comportarse bajo ciertas exigencias, se pueden utilizar símbolos que recuerden cómo comportarse, anticiparse a conductas negativas, formar con el ejemplo conductas adecuadas de limpieza, orden, organización, creatividad y fortaleza interior (conductas del docente).
El castigo puede ajustarse al perfil del alumno, puede incitar a cambiar su comportamiento o puede llevarle hacia un estado de ansiedad y agresividad. Por tanto, el castigo nunca debe provenir de unos sentimientos de pago o disuasión. Tales sentimientos corrompen la atmósfera desde dentro e inhiben el placer de aprender.
10 pautas para un castigo positivo
1. El alumno tiene que entender claramente qué es lo que se espera de él. No se debería castigar a nadie que no ha captado del todo un cierto concepto. Un alumno debería saber siempre por qué se le castiga, así que no olvidemos explicarle el motivo del castigo.
2. Recurre siempre al castigo como última alternativa. Intenta primero entusiasmar.
3. Un alumno debe recibir el castigo como una sanción. Expulsar a un alumno de clase no es un castigo si el alumno lo percibe como un triunfo.
4. Intenta ser coherente al castigar. Castigar a alguien en una ocasión y simplemente mirarlo con enfado en otra conduce a la confusión entre los alumnos.
5. Los alumnos deben ser reprendidos por su comportamiento, no por su personalidad.
6. Una sanción ha de ser predecible y significativa. La sanción tiene que estar relacionada con un comportamiento erróneo.
7. Si los alumnos han sido advertidos sobre las consecuencias de un mal comportamiento, las sanciones anunciadas han de imponerse cuando dicho mal comportamiento surja.
8. No amenaces con utilizar castigos imposibles de llevar a cabo.
9. Se amable, también al castigar. El castigo inapropiadamente severo conduce a la agresión.
10. Cada castigo tiene un final.
Tal vez si hacemos las sesiones de aprendizaje más participativas en donde el reforzamiento sea inmediato (puntos para el promedio), concursos por equipos en donde tengan que competir, que el refuerzo que se les da sea concreto, que vean la utilidad de lo que se les enseña, ver películas, analizar canciones, etc, estaremos contribuyendo a formar una cultura del castigo-sanción donde las sesiones estén relacionadas a temas que les interesen, a sus necesidades, a sus exigencias. El respeto no se impone, se gana. Por otro lado que tire la primera piedra aquél que esté libre de pecado. Soy el primero quien me sigue…
Mg. Oswaldo Tanco Huamaní